jueves, 14 de mayo de 2015

CAPÍTULO IV.DE LO QUE LE SUCEDIÓ A NUESTRO CABALLERO CUANDO SALIÓ DE LA VENTA


Capítulo IV

DE LO QUE LE SUCEDIÓ A NUESTRO CABALLERO CUANDO SALIÓ DE LA VENTA

La del alba sería (la del alba) cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped acerca  de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, en especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería (primera alusión a Sancho que no aparecerá hasta el capítulo 7). Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo. No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo: gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante, donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos: estas voces sin duda son de algún menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda: y volviendo las riendas encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían; y a pocos pasos que entró por el bosque, vió atada una yegua a una encina, y atado en otra un muchacho desnudo de medio cuerpo arriba, de edad de quince años, que era el que las voces daba y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprensión y consejo, porque decía: la lengua queda y los ojos listos. Y el muchacho respondía: no lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato. Y viendo Don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza, (que también tenía una lanza arrimada a la encina, adonde estaba arrendada la yegua) que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.


El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas, blandiendo la lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió: señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado que cada día me falta una, y porque castigo su descuido o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagarle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente. ¿Miente, delante de mí, ruin villano? dijo Don Quijote. Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza: pagadle luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto: desatadlo luego. El labrador bajó la cabeza, y sin responder palabra desató a su criado, al cual preguntó Don Quijote que cuánto le debía su amo. El dijo que nueve meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta Don Quijote, y halló que montaban sesenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano, que por el paso en que estaba y juramento que había hecho (y aún no había jurado nada), que no eran tantos, porque se le había de descontar y recibir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado, y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo. Bien está todo eso, replicó Don Quijote; pero quédense los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado, que si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagásteis, vos le habéis rompido el de su cuerpo, y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis sacado; así que por esta parte no os debe nada. El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.
¿Irme yo con él, dijo el muchacho, más? ¡Mal año! No, señor, ni por pienso, porque en viéndose solo me desollará como a un San Bartolomé. No hará tal, replicó Don Quijote; basta que yo se lo mande para que me tenga respeto, y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha recibido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga. Mire vuestra merced, señor, lo que dice, dijo el muchacho, que este mi amo no es caballero, ni ha recibido orden de caballería alguna, que es Juan Haldudo el rico, vecino del Quintanar.
Importa poco eso, respondió Don Quijote, que Haldudos puede haber caballeros, cuanto más que cada uno es hijo de sus obras. Así es verdad, dijo Andrés; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo? No niego, hermano Andrés, respondió el labrador, y hacedme placer de veniros conmigo, que yo juro, por todas las órdenes de caballerías hay en el mundo, de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun sahumados. Del sahumerio os hago gracia, dijo Don Quijote, dádselos en reales, que con esto me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que os tengo de hallar aunque os escondáis más que una lagartija. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso Don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones; y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y en diciendo esto picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó de ellos. Siguióle el labrador con los ojos, y cuando vió que había traspuesto el bosque y que ya no parecía, volvióse a su criado Andrés y díjole: Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel desfacedor de agravios me dejó mandado. Eso juro yo, dijo Andrés, y como que andará vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva, que según es de valeroso y de buen jue, vive Roque, que si no me paga, que vuelva y ejecute lo que dijo. También lo juro yo, dijo el labrador; pero por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por acrecentar la paga. Y asiéndolo del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dió tantos azotes, que le dejó por muerto. Llamad, señor Andrés, ahora, decía el labrador, al desfacedor de agravios, veréis cómo no desface aqueste, aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.
Pero al fin le desató, y le dió licencia que fuese a buscar a su juez para que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohino, jurando de ir a buscar al valeroso Don Quijote de la Mancha, y contarle punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar con setenas, pero con todo esto, él se partió llorando y su amo se quedó riendo.
Y de esta manera deshizo el agravio el valeroso Don Quijote, el cual, contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías, con gran satisfacción de sí mismo iba caminando hacia su aldea, diciendo a media voz: Bien te puedes llamar dichosas sobre cuantas hoy viven en la tierra, oh sobre las bellas, bella Dulcinea del Toboso, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad y talante a un tan valiente y tan nombrado caballero, como lo es y será Don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad; hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión valpuleaba a aquel delicado infante. En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían; y por imitarlos, estuvo un rato quedo, y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza, y habiendo andado como dos millas, descubrió Don Quijote un gran tropel de gente que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos, que iban a comprar a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie.
Apenas les divisó Don Quijote, cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura, y por imitar en todo, cuanto a él le parecía posible, los pasos que había leído en su s libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer; y así con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen (que ya él por tales los tenía y juzgaba); y cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír, levantó Don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo: todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.


 Paráronse los mercaderes al son de estas razones, y al ver la extraña figura del que las decía, y por la figura y por ellas luego echaron de ver la locura de su dueño, mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía; y uno de ellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo: señor caballero, nosotros no conocemos quién es esa buena señora que decís; mostrádnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida. Si os la mostrara, replicó Don Quijote, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia: que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo. Señor caballero, replicó el mercader, suplico a vuestra merced en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que, porque no carguemos nuestras conciencias, confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Extremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo, que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merce quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte, que aunque su retrato nos muestre que es turerta de un ojo, y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere. No le mana, canalla infame, respondió Don Quijote encendido en cólera, no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni corcobada, sino más derecha que un huso de Guadarrama; pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad, como es la de mi señora. Y en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaba la lanza, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo: non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido. Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y llegándose a él, tomó la lanza, y después de haberla hecho pedazos, con uno de ellos comenzó a dar a nuestro Don Quijote tantos palos, que a despecho y pesar de sus armas le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto, y que le dejase; pero estaba ya el mozo picado, y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que con toda aquella tempestad de palos que sobre él lovía, no cerraba laboca, amenazando al cielo y a la tierra y a los malandrines, que tal le parecían. Cansóse el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando que contar en todo él del pobre apaleado, el cual, después que se vió solo, tornó a probar si podía levantarse; pero, si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aún se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo; y no era posible levantarse, según tenía abrumado todo el cuerpo
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Nada más salir de la venta, don Quijote decide ir a su aldea. Pero una cosa es lo que piensa y otra lo que realmente hace. Piensa, reiteramos,  ir a su aldea para prevenirse de todo aquello que un caballero andante  debe llevar. Pero en su camino se encuentra con dos aventuras, al estilo de los libros de caballería desde el siglo XII que  era, siguendo a Martín de Riquer, "la defensa y  protección de la Iglesia, de las viudas, de los huérfanos y de todos los servidores de Dios" Ramón Llull, en su libro de la orden de Caballeria (1276) dirá que esta nació cuando en el mundo "perecieron la caridad, la lealtad, la justicia y la verdad" que el caballero debe imponer. A D.Quijote nada más salir de la venta, "se le ofrece ante su vista la injusticia, el abuso de poder y la desgracia del desvalido" (Martin Riquer).
 La primera, trata de agravio que está cometiendo Juan  Haldudo, labrador rico,  azotando a su mozo Andrés, al que tiene atado en una encina. D. Quijote obtiene- dice Martín Riquer-  un éxito momentáneo y fingido porque, también como un caballero de otros tiempos, cree en la palabra de honor del opresor, el cual,  apenas ha desaparecido nuestro héroe, vuelve a ejercer  su injusticia.
 Don Quijote ha fracasado por primera vez, aunque lo ignora ahora y tardará bastante en enterarse  del daño que produjo  a Andrés su generosa intervención". 
 La segunda aventura, la de los mercaderes toledanos.
En el desagravio del muchacho Andrés y el labrador, D. Quijote sale todo contento por que piensa que lo ha resuelto como todo un caballero andante. Pero realmente no lo resuelve, ya que el citado labrador vuelve a pegarle y aumentar la deuda. En el segundo, empeñado en que lo mercaderes reconozcan los encantos que le dice a los mercaderes que tiene su Dulcinea de Tobosa. No tolera, pues, que dichos mercaderes crean lo contrario. Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso. Debido a que uno de los mercaderes ponen en duda lo dicho, arremete contra ellos. Pero Rocinante se cae y uno de los mercaderes arremete contra don quijote hasta dejarlo lastimado sin poder levantarse. No obstante piensa que la culpa de ello la ha tenido el caballo.
    Don Quijote, no asume derrota alguna. Él es todo un caballero andante, en su segunda aventura el que ha fallado ha sido Rocinante, si así no hubiera sido su victoria hubiera sido segura. Lo admirable de D. Quijote es la alternacia de su locura y lucidez.Los argumentos expuestos al labrador para con su pastor son razonables, lúcidos, sensatos. 

Para el Quijote IV Cap. D. Quijote es la prueba de la  fuerza del Gran Ideal, para llevarlo a cabo se tiene que hacer el loco, como el humorista hace para arremeter contra aquello que cuerdo no hace. D. Quijote en sus delirios arremete contra todo y contra todos, contra los molinos porque son el símbolo de los poderosos, con los cuales quiere acabar, contra las ovejas por que con todo arrasar, nada dejan para otros mucho animales que también se alimentan de esas hierbas, contra los patronos por abusadores, contra los mercaderes porque se velen del engaño para hacer sus negocios, En su Papel de cuerdo se situa en la realidad.Enen su locura se engrandece, se enaltece haciendo ver que es el más grande, es la manera que adopta para hacer pequeños a los grandes. En su cordura , el personaje se asienta, asume la realidad

jueves, 7 de mayo de 2015

CAPITULO III.DONDE SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA QUE TUVO DON QUIJOTE DE ARMARSE CABALLERO.


CAPITULO III.

DONDE SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA QUE TUVO DON QUIJOTE DE ARMARSE CABALLERO


D. Quijote de tanto, de tanto pensar en ordenarse caballero andante, está fatigado. Nada más cenar llama al ventero y se encierra con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole, que no se levantará hasta que no le otorgue el don que quiere, cual es que lo ordene caballero..
El ventero, confuso ante tantas razones expuestas por don. Quijote, le dice que sí le otorgará el don que le pide. Y don. Quijote le contesta: “no esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra...esta noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas...y mañana ...se cumplirá lo que tengo deseo...ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejante fazañas es inclinado”
(Pero la verdad es que don. Quijote no podía ser ordenado caballero, estaba loco, era pobre y no podía ser nombrado mediante un escarnio como el que le tenía preparado  lo hizo el ventero)

El ventero, todo socarrón, le siguió la corriente y le dijo que aunque el castillo no tenía capilla, en cualquier lugar podía velar las armas, y que al día siguiente sería armado caballero. Le preguntó si llevaba dinero, a lo que le dijo que no llevaba blanca (moneda de cobre de poco valor). Don Quijote pensaba que los caballeros no llevaban dinero. Pero el ventero le afirmó que si. También le dijo a D. Quijote que en la alforjas llevaban muchas cosas, le aconsejó que a partir de ser ordenado caballero andante no fuera sin dinero, ni sin las prevenciones referidas (camisas limpias, bien llenas las bolsas, arqueta pequeña llena de argüentos para curar las heridas que recibieran, escuderos proveídos de dinero y de otras cosas necesarias, como eran hilas y argüentos para curarse).
Don quijote, tras prometerle que así lo haría, se fue a velar las armas a un corral grande, puso sus armas en una pila junto a un pozo, y comenzó a pasear delante de la pila, momento en que que empezaba a cerrar la noche.

El ventero comentó la locura de su huésped a todos los que estaban en la venta, los cuales curioseaban todo lo que hacia. Estando velando sus armas tiene que arremeter contra dos arrieros que le retiraron sus armas de la pila para dar agua a sus animales, a los que además de lo golpes que les atestó le decía palabras como  soez, baja canalla.



 El ventero no le parecieron bien las buslas de sus Huésped, y “determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se disculpó de la insolencia que aquella gente baja con el, había usado, sin que él supiese cosa alguna...”(p. 119-120) .Volvíó a decirle que en el castillo no había Capilla, pero lo que le quedaba de hacer para ser ordenado caballero andante tampoco era necesario tal capilla, pues, le quedaba darle la pescozada(el padrino le daba un golpe en la nunca) y el espladarazo (golpe dado con la espada en la espalda), cosa que se podía hacer en mitad del campo., cosa que don. Quijote aceptó.




 Luego el castellano lleva un libro y con un cabo de vela que le llevaba un muchacho y con las dos dichas doncellas se fueron a donde estaba don Quijote, al que manda hincar de rodillas, en mitdad de la leyenda alzó la mano y le dio sobre el cuello un gran golpe y después con la misma espada, un gentil espaldarazo.Una de las damas le ciñó la espada, a la vez que le dice la buena señora:
-” Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides”.(p.121)
Don quijote le preguntó cómo se llamaba, para saber a quien quedaba obligado por la merced recibida porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de sus brazos. Le dijo que Tolosa, hija de un remendon natural de Toledo. Don quijote le pidió que se pusiese don, y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió y la otra le calzó la espuela. Igualmente le preguntó su nombre y le dijo que Molinera, hija de un horado molinero de Antequera; a la cual tambien le rogó que se pusiense don, y se llamase doña Molinera:
Don quijote ya es un caballero andante, ahora tiene que ir a buscar las aventuras, y ensillando a Rocinante, subió en él, y abrazando a su huésped se despide con palabras extrañas de él. El ventero, con ganas de verle fuera de la venta respodio a las suyas, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buena hora.

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COMENTARIO Y ENSEÑANZA:
La fuerza de la idea, la de hacerse caballero andante, es tal que es capaz de superar cuantos incovenientes y cuanto retos surjan al encuentro para impedir su la realización. El ser deseo se convierte en ser real. El pensamiento que va dando forma a la idea es tan fuerte como la misma idea ya configurada. Obstáculos han sido varios: locura, pobreza, mujeres de la casa donde
vive el  Quijano, inexistencia de Castillo y   de Capilla, burlas del ventero y arrieros de la venta.
La locura, que ha sido un impedimento, ha sido precisamente lo que le ha permitido ordenarse caballero. En condiciones normales no lo hubiera podido ser, se hubiera rendido y no hubiera acepcetado ninguna de la condiciones: ni venta ( que gracias a su locura le parece un castillo; ni ventero, que gracias a su locura le perece el señor de castillo; ni las mozas, que le parecen señoras importantes, ni hubiera velados las armas en el patio, ni hubiera consentido escarnio alguno.
La condición de su locura hace posible lo que no hubiera logrado con sus cordura. Se vale, pues, de su locura para lograr lo que no puede con sus cordura; y de su cordura para lograr lo que no puede con sus locura. Ahí está Cervantes para que apareczca la  locura y lucidez cuando es necesario.
Ha logrado hacerse caballero andante, entes de tener escudero, pues, Sancho Panza, llevado por su realismo terrenal, no hubiera permitido que su señor se hubiera ordenado caballero en las condiciones que lo ha hecho. Hubiera exigido el respeto, decoro y cumplimiento fiel de las normas escrupulosas de las leyes de caballería.

martes, 21 de abril de 2015

CAPÍTULO II: QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.

CAPÍTULO II

QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.
 Realizadas todas la preparaciones, decide poner en efecto su pensamiento. Piensa que el mundo necesita de su acción para impartir justicia. En el mundo son muchos los “agravios que ha de deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer”(pp106-107). Decide, un tanto impaciente, sin comunicarlo,salir por la mañana, antes de del día, en un día caluroso de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante y sale al campo, con grandísimo contento y alborozo para dar cumplimiento a sus gran deseo, que es hacer justicia, amparar a los menesterosos. Tan pronto se vio en el campo se percata de que se tiene que armar caballero conforme a la ley de caballería. Razón por lo que decide armarse caballero del primero que tope. Y con esa idea va caminando a la espera de encontrar la oportunidad lo más pronto posible.
En su caminar va conversando consigo mismo y diciendo cosas como estas: contarían la historia de sus verdaderos hechos.
Subió de nuevo “sobre su Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”(p.108).
“Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
-Dichosa edad, y siglo dichoso aquel a donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en la tabla para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quién ha de tocar a ser cronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras” (p. 108).
Después se acordó, como si estuviera enamorado de Dulcinea: ¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón...” Continuó hablando sobre los agravios que le había hecho su dulcinea y demás cosas que había leído en los libros. Iba caminando despacio y durante aquel día nada le sucedió digno de destacar. “Autores hay que dice que la primera aventura que le vino fue la de Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento...pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre” (p. 109). Su afán era encontrar un castillo o una venta para descansar y acabar con el hambre. Al fin ve una venta, que a él le pareció un castillo, se da prisa y llegó a ella en el momento en que anochecía.

 En la puerta estaba dos mujeres mochas, destas que se llaman de partido (mujeres deshonestas y vagabundas), las cuales les parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que en la puerta del castillo se estaban solazando. Aquellas doncellas se reína, no solo de su figura, de su facha sino de sus dichos, de su manera de hablar. Al fin sale el ventero, hombre gordo, pacífico y decidió hablale recatada y dulcemente:
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén (aquí la palabra significa excepto) del lecho...Viendo D. Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que le pareció a él el ventero, respondió:
- Para mi , señor castellano, cualquier cosa basta porque:
mis arreos son las armas
mi descanso el pelear, etc
Mi cama las duras peñas.
Mi dormir siempre velar (primeros versos de un precioso romance, publicado en cancionero de Amberes, mediado del siglo XVI)
Al decirle los dos últimos versos el ventero, se fue a tener el estribo a D. Quijote, que se apeó con mucha dificultad y trabajo. Mandó que cuidaran de su Rocinante que el el más valioso del mundo, cosa que el ventero lo vio así. Las mozas le fueron quitando las armas y demás cosas. Pero no pudieron quitarle la gola y la celada, con las que se tuvo que acostar. Y pensando que aquellas mozas eran algunas principales señora y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

Nunca fuera caballero
de dama también servido
como fuera don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino

Don quijote ofrece sus servicios a las damas(mozas) de defensa. Las mozas no responden y solo le preguntaron si quería comer alguna cosa. Pero aquel día era viernes y solo había pescado. Le ponen la mesa en la puerta de la venta, por el fresco y el llevó el huésped una porción de mal remojado y peor cocido bacalao y un pan tan negro y mugriento como sus ramas. Su manera de comer producía risa. Estando comiendo con esta facha, llega a la venta un castrador de puercos e hizo sonar el silbato, lo que le hace creer a don Quijote “que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas, el pan candeal y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo, y con eso daba por bien empleada su determinación y salida. Pero lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podía poner legítimamente en aventura sin recibir la orden de caballería” (p. 114).

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¿Qué nos quiere enseñar Cervantes, narrador del Quijote, en este capítulo reducido a la salida silenciosa del mismo, sin más aventura que encontrarse con una posada que le parece un castillo y una mozas que le parecen algunas principales señora y damas de aquel castillo?
Pienso que Cervantes nos quiere decir que cuando el ser humano está poseído por la idea sublime, convertida en ilusión de sueños que desvelan, tiende a convertir la realidad de la vida terrenal en la realidad de la vida celestial: empeñado en reemplazar dicha realidad terrenal en en la celestial. Aquello que ve don Quijote no es lo que ve, sino lo que desea y quiere que sea: la venta no es la venta, sino el castillo, estancia del caballero andante; el ventero no es el ventero, sino un caballero castellano; las mozas no son las mozas, sino grandes y principales señoras, Rocinante no es un Rocinante cualquiera, sino el más valioso de cuantos existen en el mundo; el no es un caballero cualquier, sino el único, el más valiente del mundo, para ello tiene que respetar las leyes de caballería y armarse caballero con arreglo a las Leyes de Caballería. Y en tanto no sea así no puede ni debe emprender aventura alguna para deshacer agravios, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer desde a la ley.  La ley es la ley, y hay que respetarla.
En el uso de su libertad, Cervantes  se permite trasnformar don Quijote en un ser loco para que en sus delirios haga cantos de alabanza, dulzura y lisonja, y así lograr su objetivo, qwue no es otro que hacerse caballero para impartir justicia, que es la que falta en la tierra. Y así es como consigue, entre burlas y charangas poner a disposición al ventero para hacerle caballero. La deformación de las realidades solo está permitida a los locos, a los humoristas, a los magos.

viernes, 17 de abril de 2015

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Don Quijote de la Mancha, en tu 4º Centenario de tu II parte voy a intentar introducirme en tu entrañas con el fin expreso de conocerte hasta tu último latido. Lo quiero hacer  con amor, admiración y sencillez, con lenguaje de niño.
Mi libro de lectura es Historia de la Literatura: Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Edit. RBB Editores. S.A. Barcelona 1994


                                        PRIMERA PARATE




     CAPÍTULO PRIMERO

QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EJERCICIO DEL FAMOSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA  



Empieza el capítulo afirmando que en un lugar de la Mancha, nombre del que no quiere acordarse Cervantes, vivía un hidalgo (hidalgo, hijodalgo o fidalgo era en dicha época noble sin ser titulado, es decir, era un ricohombre). Un Hidalgo del que el narrador lo va describiendo fisica, patriominial y socialmente.Empieza describiendo sus bienes, diciendo lo que come y los que viven en su casa, que son  una ama de casa, que pasaba de los cuarenta; una sobrina, que no llegaba a los veinte; y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Inmediatamente dice que la edad de D. Quijote frisaba los 50 años. Era -sigue describiendo el narrador-, de “complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza”(p.100).

Era, reitaramos, un hidalgo que pasaba la mayoría de su tiempo ocioso y en dicho tiempo leía libros de caballerías con tal a afición y gusto que terminó olvidando los ejercicios de la caza, y hasta la administración de su hacienda. Su “curiosidad y desatino fue tal que llegó a vender muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballería en que leer, y así , llevó a su casa todos cuantos haber de ellos; y de todos, ninguno le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva” (p. 100).



Le encantaba la lectura, y sobre todo aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas parte hallaba escrito: la razón de la sin razón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura. Y tambien cuando leía...los altos cielos de nuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.

Estas lectura eran todo un desafío para nuestro hidalgo. Se esforzaba por entender estas lecturas, esta sin razones. Quería ver su sentido. Pero la verdad que ello le hacía perder el juicio. Aquellas lecturas eran motivo de discusión con cuantos hablaba de ellas, entre lo cuales estaba el cura, hombre docto, graduado en Sigüenza.
“En resolución, él se enfrascó tanto en la lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio;y así, del poco dormir y de mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquinas de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no no había otra historia más cierta en el mundo” (p. 101).
“ En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así que para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrarse eterno nombre y fama” (p.102)
Llevado por ese deseo de grandeza y de fama inicia la limpieza de las armas de su bisabuelo (del final del siglo XV) y aunque se percató que le faltaba la celada de encaje, pero tenía un morrión simple (casco). Una vez limpias las armas se va a ver a su rocín y le pareció que ni Bucéfalo de Alejandro ni el Babieca del Cid se podían igualar con su Rocín. Pasó despues, a pensar que nombre le ponía (para lo que tardó 4 días), y convino despues de mucho pensar que debía llamarse Rocinante, “nombre a su parecer alto, sonoro y significativo” (p.p.104).
Después piensa en el nombre que se ha de poner él (para lo que dedica 8 días), y se pone por nombre don Quijote de la Mancha. Puesto el nombre se percata que le “falta una dama de quien enemorarse ; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma, deciase él asi” (p.105)
Se siente todo un caballero difícil de ser vencido y sí de vencer aunque los demás sean gigantes. Vencidos que piensa que se han de presentar ante su dulce señora para notificarle que fue vencido en singular batalla por don Quijote de la Mancha y disponga su señora de él a su talante ( a su voluntad o a su gusto).
Todas estas disquisiciones y discurso le alegran mucho. Encuentra en Toboso una moza labradora de quien él durante un tiempo estuvo enamorado, aunque ella jamás lo supo, ni le dio cata dello, que tenía por nombre Aldonza Lorenzo, a la que le díó el título de señora de su pensamiento y buscarle nombre que no desdijese mucho del suyo y que pareciese de princesa y gran señora, y le puso el de Dulcinea del Toboso, nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo.
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 Es evidente que Cervantes no escribe D. Quijote a vuelapluma. Se toma su tiempo para anotar cuantas cosas quiere decir. Reflexiona sobre todo aquello que quiere narrar y describir a sus personajes nítidamente, tanto psicológica como físicamente. Se aprecia que conoce los lugares de que habla, y los conoce bien, dando la sesación incluso que ha estado en insitu ellos.
  Empieza pensando en un hijodalgo que vive en un lugar que no quiere mencionar, indicando con ello que puede ser uno cualquiera de la Mancha. Un hijodalgo; es decir un ricohombre que dispone de tiempo suficiente para el ejercicio de la caza, caza que deja porque lo cambia por el de la lectura de libros de Caballería. Lecturas que no entiende, pese a que quiere desentrañar su sentido. Se produce en don Quijote un cambio de actividad: de cazador a lector, lectura que lo lleva a convertirse en caballero andante para impartiir justicia, justicia que piensa que no se da en el mundo en que vive. Pues muchos son los que se burlan  de ella, y muy pocos a los que se la ha imprtido justamente.
  Es evidente, que el lector de dichos libros de Caballería es Cervantes. Y como lector tiene un amplio conocimiento de dichos libros, hasta tal punto que no se le escapa detalle. Describe pulcramente al hidalgo, que empieza poniendo el sobre nombre de Quijada o Quesada, le es igual uno u otro. Después de decir que frisaba en 50 años, lo describe físicamente: “complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro”, gran madrugador y amigo de la caza” (p.100)
  Su afición es tal a la lecturas que termina perdiendo el juicio, con lo que nos quiere recomendar el autor que todo se debe hacer con medida, que los excesos llevan a estas situaciones. Recobrado el juicio piensa en hacerse caballeroe para el aumento de su honra y para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrarse eterno nombre y fama” (p.102). No se trataba de hacerse un o un caballero cualquiera, sino el mejor, el más valiente, el invencible;y todo para gloria de todos los agraviados en el mundo, y de su Dulcinea del Toboso.
  A partir de ahí piensa y ejecuta su preparación: limpia sus armas, se toma 4 días para pensar detenidamente el nombre que le va a Poner a su Rocín, y que termina poniéndole Rocinante, después se toma 8 días para ponerse el suyo, Don Quijote de la Mancha, y acto seguido el de la moza de sus sueños, que le pone Dulcinea del Toboso. Todos estos nombres le son musicales, peregrinos y significativos. Una vez más nos indica el autor que las cosas llevan su tiempo, su reflexión. No se deben ni se pueden hacer a la ligera, sino de forma adecuada, juiciosamente, con cordura. Sus mensajes educativos y aleccionadores ( Instruir, amaestrar, enseñar) los hace valiendose de refranes como estos: 
 “Vaca y carnero, olla de caballeros” (p. 98). Citado por Sebastián Covarrubias) que vine a significar que D. Quijote era más bien pobre, pues, la vaca vale menos que la carne de de carnero 
“El caballero andante sin amores es como árbol sin hojas y sin frutas o el cuerpo sin alma.” p. 105.
Don Quijote, para hacer lo que ha de hacer, y decir lo que ha de decir, no puede ser un caballero cualquiera, ha de ser un  loco-cuerdo; loco para que se le permita hacer y de dicer lo que hace y dice, y cuerdo para dar validez a lo que en condiciones normales el hombre justo y honorable debería de decir y hacer. 
Cervantes no hubiera podido hablar de un república, ni entrar en batalla con unos monjes, sin no se hubiera valido de un loco, siendo un súbito de un reino 
donde no se ponía el sol.

 
                                               CAPÍTULO II

QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.
 Realizadas todas la preparaciones, decide poner en efecto su pensamiento. Piensa que el mundo necesita de su acción para impartir justicia. En el mundo son muchos los “agravios que ha de deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer”(pp106-107). Decide, un tanto impaciente, sin comunicarlo,salir por la mañana, antes de del día, en un día caluroso de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante y sale al campo, con grandísimo contento y alborozo para dar cumplimiento a sus gran deseo, que es hacer justicia, amparar a los menesterosos. Tan pronto se vio en el campo se percata de que se tiene que armar caballero conforme a la ley de caballería. Razón por lo que decide armarse caballero del primero que tope. Y con esa idea va caminando a la espera de encontrar la oportunidad lo másd pronto posible.
En su caminar va conversando consigo mismo y diciendo cosas como estas: contarían la historia de sus verdaderos hechos.
Subió de nuevo “sobre su Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”(p.108).
“Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
-Dichosa edad, y siglo dichoso aquel a donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en la tabla para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quién ha de tocar a ser cronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras” (p. 108).
Después se acordó, como si estuviera enamorado de Dulcinea: ¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón...” Continuó hablando sobre los agravios que le había hecho su dulcinea y demás cosas que había leído en los libros. Iba caminando despacio y durante aquel día nada le sucedió digno de destacar. “Autores hay que dice que la primera aventura que le vino fue la de Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento...pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre” (p. 109). Su afán era encontrar un castillo o una venta para descansar y acabar con el hambre. Al fin ve una venta, que a él le pareció un castillo, se da prisa y llegó a ella en el momento en que anochecía.

 En la puerta estaba dos mujeres mochas, destas que se llaman de partido (mujeres deshonestas y vagabundas), las cuales les parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que en la puerta del castillo se estaban solazando. Aquellas doncellas se reína, no solo de su figura, de su facha sino de sus dichos, de su manera de haablar. Al fin sale el ventero, hombre gordo, pacífico y decidió hablale recatada y dulcemente:
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén (aquí la palabra significa excepto) del lecho...Viendo D. Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que le pareció a él el ventero, respondió:
- Para mi , señor castellano, cualquier cosa basta porque:
mis arreos son las armas
mi descanso el pelear, etc
Mi cama las duras peñas.
Mi dormir siempre velar (primeros versos de un precioso romance, publicado en cancionero de Amberes, mediado del siglo XVI)
Al decirle los dos últimos versos el ventero, se fue a tener el estribo a D. Quijote, que se apeó con mucha dificultad y trabajo. Mandó que cuidaran de su Rocinante que el el más valioso del mundo, cosa que el ventero lo vio así. Las mozas le fueron quitando las armas y demás cosas. Pero no pudieron quitarle la gola y la celada, con las que se tuvo que acostar. Y pensando que aquellas mozas eran algunas principales señora y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

Nunca fuera caballero
de dama también servido
como fuera don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino

Don quijote ofrece sus servicios a las damas(mozas) de defensa. Las mozass no responden y solo le preguntaron si quería comer alguna cosa. Pero aquel día era viernes y solo había pescado. Le ponen la mesa en la puerta de la venta, por el fresco y el llevó el huésped una porción de mal remojado y peor cocido bacalao y un pan tan negro y mugriento como sus ramas. Su manera de comer producía risa. Estando comiendo con esta facha, llega a la venta un castrador de puercos e hizo sonar el silbato, lo que le hace creer a D. Quijote “que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas, el pan candeal y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo, y con eso daba por bien empleada su determinación y salida. Pero lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podía poner legítimamente en aventura sin recibir la orden de caballería” (p. 114).

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¿Qué nos quiere enseñar Cervantes, narrador del Quijote, en este capítulo reducido a la salida silenciosa del mismo, sin más aventura que encontrarse con una posada que le parece un castillo y una mozas que le parecen algunas principales señora y damas de aquel castillo?
Pienso que Cervantes nos quiere decir que cuando el ser humano está poseído por la idea sublime, convertida en ilusión de sueños que desvelan, tiende a convertir la realidad de la vida terrenal en la realidad de la vida celestial: empeñado en reemplazar dicha realidad terrenal en en la celestial. Aquello que ve D. Quijote no es lo que ve, sino lo que desea y quiere que sea: la venta no es la venta, sino el castillo, estancia del caballero andante; el ventero no es el ventero, sino un caballero castellano; las mozas no son las mozas, sino grandes y principales señoras, Rocinante no es un Rocinante cualquiera, sino el más valioso de cuantos existen en el mundo; el no es un caballero cualquier, sino el único, el más valiente del mundo, para ello tiene que respetar las leyes de caballería y armarse caballero con arreglo a las Leyes de Caballería. Y en tanto no sea así no puede ni debe emprender aventura alguna. La ley es la ley, y hay que respetarla.