viernes, 17 de julio de 2015

CAPÍTULO VII DE LA SEGUNDA SALIDA DE NUESTRO BUEN CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

CAPÍTULO VII .

 DE LA SEGUNDA SALIDA DE NUESTRO BUEN CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA




COMENTARIO Y ENSEÑANZA

Don quijote hace su segunda salida

D. Quijote sigue delirando, continúa desdoblándose, pensando ser quien no es. En este situación sus compadres, el cura y el barbero, dejan el escrutinio de los libros y van a su aposento para charlar con él, y el resto de los libros se cree que van a la hoguera, sin ser visto ni oídos, entre ellos están La Carolea y El León de España, con Los Hechos del Emperador compuesto por don Luis de Ávila.
Cuando llegan a él, se está levantando, y ambos se abrazan a don Quijote y lo vuelve a poner en la cama para que se tranquilice. Don Quijote con funde al cura por el arzobispo Turpín. El señor cura le dice que debe estar malherido. Malherido no- contesta don Quijote-, sino molido y quebrantado por los golpes que le ha dado el bastardo don Roldán por envidia al ver que yo soy el opuesto de sus valentía, pues, si así no fuera no me llamaría Reinaldos de Montalbán. “Confunde, pues, el sueño, en que vuelve a desdoblarse, esta vez como Reinaldo de Montalván, con la vigilia” (p.32 Edición del Instituto Cervantes 1602-2005)
Don Quijote está exaltado, le dan de comer, se queda otra vez dormido y ellos admirados de su locura.
El ama aprovecha esa noche para abrasar y quemar cuantos libros había en el corral, y en toda la casa, y tales debieron arder que merecían guardarse en perpetuos archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escudriñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores”
El cura y el barbero ven como solución al mal de su amigo murar y tapiar el aposento de los libros para que cuando se levante no los halle. Piensan, pues, que eliminando la causa ceda el efecto. Y así es, al levantase va a a buscar los libros, y nos lo halla. El ama le dice que se los ha llevado el diablo; la sobrina que un encantador que vino sobre una nube, llamado Muñatón. Frestón dice don Quijote, que sigue delirando ...Sobrina y ama dejan de replicarle más, al ver que se le encendía la cólera.
Después de estar dos días en casa muy sosegado , durante los cuales sostuvo graciosisimos coloquios con el cura y el barbero, en los cuales expresaba su máxima necesidad que era la de caballero andantes y de que él resucitase la caballería andantesca.
En esos día solicitó don Quijote a un labrador,de nombre Sancho Panza, de poca mollera en el que se “aúnan la simpleza y la sagacidad, como en don quijote la locura como la cordura, pero con las inversiones y las sorpresa propias del dual arquetipo folclórico” (p.32 Edición del Instituto Cervantes 1602-2005) , fuera su escudero, prometiendole la gobernación de una ínsula o el virreinato de un reino, el cual dejó a sus mujer y a sus hijos, y al que le encarga que debe llevar unas alforjas y un asno. Después se dedica a buscar dinero, para ello vende unas cosas, empeña otras y malbaratándolas todas.
Acuerdan salir una noche para que no se enteren de su salida nadie. Sancho Panza va “sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido” (p.153). Toma el mismo camino que llevó en su primera salida: por campo de Montiel. Sancho le recuerda a su amo:
- Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido; que yo la sabré gobernar, por grande que sea.
A lo cual le respondió don Quijote:
-Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mi no falte tan agradecida usanza; antes pienso aventajarme en ella: porque ellos algunas veces, y quizás las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya después de hartos de servir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o, por lo mucho de marqués de algún valle o provincia de poco más o menos; pero si tu vive y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte de rey de unos de ellos. Y no tengan a muchos; que cosas y casos acontecen a los tales caballeros por modos tan nunca vistos, ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo” (p. 153)
Y siguen su dialogo, cada uno según su pensamiento e intereses. Don Quijote ser el caballero más importante, el más universal, el único. Sancho Panza, ser gobernador de una ínsula o virrey y sus hijos infantes y sus esposa, Juan a Gutierrez. reina

jueves, 2 de julio de 2015

CAPÍTULO VI: DEL SONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO QUE EL CURA Y EL BARBERO HICIERON EN LA LIBRERÍA DE NUESTRO INGENIESO HIDALGO.



RESUMEN Y COMETARIO DEL CAPÍTULO O EPISODIO

Aún dormía don Quijote. Pidió el cura las llaves, a la sobrina, del aposento donde estaban los libros. Ella se las dio de muy buenas ganas. Entraron todos, y el ama con ellos, y hallaron más de cien volúmenes grandes y muy bien encuadernados, y otros pequeños. El ama le dio las llaves al licenciado y quémelos todos. El señor licenciado mandó al barbero que le fuera dando los libros uno a uno para ver de que trataban, pues, pudiera ser que alguno
que no mereciesen castigo de fuego. El primero a analizar son Los cuatro de Amadís de Gaula, del que el cura dice que fue el primer libro de Caballería que se imprimió en España, del cual han ido surgiendo los demás, razón por lo que debe ser quemado. Pero el barbero piensa que es el mejor de todos los libros de su género, siendo el único en su arte, razón por lo que se le debe perdonar. Acuerdan ambos, cura y barbero, perdonar.
El siguiente es, dijo el barbero, las Sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula, y como al hijo- dice el cura- no le ha de valer la bondad del padre, se lo da al ama para que lo eche en el montón de la hoquera que se ha de hacer.
Este que viene,dice el barbero, es Amadís de Grecia y todos los que están a su lado son del mismo linaje de Amadís, por lo que el cura manda a todos a quemar, estando muy de acuerdo tanto la sobre como el ama..
¿Qué es ese tonel?-dijo el cura
Este es-respondió el barbero-, Don Olivante de Laura, que es de la Historia del invencible caballero don Olivante, príncipe de Macedonia, de la que según martín de Riquer no se tienen noticias más que de una edición (Barcelona “1564, que, por su formato o tamaño no justifica que el cura le llave “tonel”, tal vez Cervantes se refiera a otra impresión hoy desconocida, o confunde el libvro con un Palmerín de Oliva” (pp.138-139).
El cura dice que es el mismo que compuso el Jardín de flores, libros mentirosos disparatado y arrogante, razón por la que lo envían al corral. El que sigue es Florismarte de Hircania, que termina en la quema por su sequedad y dureza de estilo. El Caballero Platir, que trata, atendiendo a Martín de Riquer, de La Crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir, hijo del emperador Primaleón (Valencia, 1521)p.139. Y como el cura no halla cosa que le parezca venia lo manda también a quemar. Abren otro libro, y ven que es El Caballero de la Cruz, y pensando que tras la cruz está el diablo, igualmente lo envía a la quema
El barbero como otro libro, se trata del Espejo de caballerías, y tras los muchos razonamientos que argumentó el barbero lo salvaron de la quema.
Abrieron el Palmerín de Oliva y otro que estaba junto a este que era el Palmerín de Inglaterra , vistos por el Licenciado observa cosas buenas en él, razón por la que decide salvar de la hoguera, junto al de Amadís de Gaula. Pero el barbero le replica que tambien debe de serlo el famoso Don Belianís. Pero el cura llega al convencer al barbeo de que se se lo quiere llevar a su casa, que lo haga pero no deje ser leído, ya que en sus diversas parte era muy colérico.
No estando dispuestos a leer más libros, recomiendan al ama que todos los tire al la quema, pero mira por donde se le cae uno, llamado: Historia del famoso caballero tirante el Blanco. El cura aprecia que es un libro bueno y merece ser leído. Es salvado de la quema..
Terminan de examinar los libros de Caballería. Quedan los de poesía, y el primero que ven es La Diana, y aprecian que no deben ser quemados, ya que no hacen ni harán daño como los de caballería han hecho, pues, son libros de entendimiento. La sobrina es partidaria de que tambien se quemen por temor a que se haga pastor. Pero el cura opta por no quemarlo, sino retiráselos para que no los tenga a su alcance.
Ahora sigue La Diana llamada segunda de Salmantino, y otro que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo, que responde, según Martín de Riquer, a la obra: La Diana enamorada del valenciano Gaspar Gil Polo, verdadera obra maestra de la literatura pastoril española (p.145). El Salmantino va a la hoguera, y se salva la de Gil Polo.
Los diez libros de la Fortuna del Amor, compuesto por Antonio de Lofrasco, y tras ser examinado el cura lo aparta y lo libra de la quema.El barbero prosigue y dice: estos que siguen son El pastor de Iberia, Ninfas de Henares y Desengaños de Celos, sobre los que el cura determina entregárselos al ama para que lo eche a la quema. Sin embargo, el Pastor de Fílida el cura determina guardárselo como joya preciosa. El Tesoro de varias poesías que posee el barbero dice el cura se que guarde por sus autor que es amigo suyo, “y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que has escrito”(p.147).
“Este es-siguió el barbero- El Cancionero de López Maldonado (En este cancionero, dice Martín de Riquer, editado en Madrid, 1586, figuran un soneto y unas quintillas de Cervantes en elogio del autor).
“Tambien el autor de este libros-replicó el cura-es grande amigo mío, y sus versos en su boca admiran a quien los oye; y tal es la suavidad de la voz con que los canta, que encanta. Algo es en la églogas, pero nunca lo bueno fu mucho, guárdese con los escogidos” (p. 147)
El siguiente libro es La Galatea de Miguel de Cervantes, dijo el barbero, gran amigo mío desde hace mucho tiempo, y “sé que es más versado en desdichas que en versos. Sus libros tiene algo de buena invención; propone algo, y no concluye nada: es menester esperar a la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entretanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre” (p. 147)
Aquí vienen juntos tres, dice el barbero, son La Auracana, de Alonso de Ercilla; la Austriada, de Juan Rufo, jurado de Córdoba, y El Moserrato de Cristóbal de Virués, poeta valenciano.
“Todos estos tres libros-dijo el cura- son los mejores que, en verso heroico, en lengua castellana está escrito, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España”(p.147)
Cansodo el cura de ver libros, quiere que todos los demás se quemasen; pero el barbero tenía en ese momento uno, que se llamaba Lágrimas de Angélica, que Martín de Riquer anota que fue editado en Granada en 1586 y su autor Luis Barahona de Soto (p.148)
“Loráralas yo- dijo el cura en oyendo el nombre- si tal libro hubiera mandado quemar; porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no solo de España, y fue felicísimo en la tradución de algunas fabulas de Ovidio”. (p.148)

Los libros que son salvados de esta condena son:
-Amadís de Gaula
- Palmarín de Ingalaterra y Tirante el Blanco
-Las novelas pastoriles La Diana de Jorqge Montemayor, Diana enamorada de de Gaspal Gil Polo, Los diez libros de fortuna de amor de Antonio de Lofrasco y el Pastor de Fílida de Luis Gálvez de Montalvo y el Tesoro de varias poesías de Pedro de Padilla.
Los poemas épicos de La Auracana de Alonso de Ercilla, La Austriada de de Juan Rufo y el Monserrate de Cristóbal de Virués.
Las Lágrimas de Ángélica de Luis Barahona de Soto
Quedan en suspenso, y en poder del barbero, el libro de caballería Don Belianís de Grecia y las novelas pastoriles del propio Cervantes La Galatea
En este capítulo se aprecia-continuá diciendo Martín de Riquer-los gustos literarios y a veces las amistades y enemitades de Miguel de Cervantes
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Es un hermoso capítulo; hermoso por ilustrativo y educativo. D. Quijote llega, después sus aventuras, mal. Sus más allegados, ama, sobrina, cura y barbero piensan que la razón de todo lo ocurrido ha sido el exceso de lectura de libros de caballería que lo han trastornado; es decir, lo han enloquecido. Piensan que lo mejor es ver sus libros, y proceder a la que quema de todos aquellos que contengan encantamientos. Y así lo hacen. No se conforman con el pensamientos, sino que proceden al la acción, que es analizar cuantos libros tenga para proceder quemar los causantes de su locura y guardar los buenos.
En su crítica literaria no son lo objetivos que toda buena crítica requiere. Por el contrario, como seres humanos que son los examinadores.el cura y el barbero, se dejan llevar por el criterio de las por las amistades y enemistades y por el consenso que muestran cura y barbero a la hora de decidir la quemao salvación del libros objeto de examen.






CAPÍTULO V: DONDE SE PROSIGUE LA NARRACIÓN DE LA DESGRACIA DE NUESTRO CABALLERO

CAPÍTULO V: DONDE SE PROSIGUE LA NARRACIÓN DE LA DESGRACIA DE NUESTRO CABALLERO


 
 COMETARIO Y ENSEÑANZA

Nuestro caballero sigue mal, aún no pude levantarse y se le ocurre pensar en algún paso de sus libros. A su memoria le viene el de Valdovinos y del Marqués de Mantua, cuando Carloto lo dejó herido en una montiña. Recordar aquel paso le emocionó y con “muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar por la tierra y a decir con gran debilitado aliento lo mismo que dicen que decía el herido caballero del bosque:
¡Dónde estás, señora mía
que no te duele mi mal?
O no lo sabes, señora,
o eres falsa y desleal

y de esta manera fue prosiguiendo el romance hasta aquellos versos que dice

¿Oh noble marqués de Mantua,
mi tío y señor carnal”(p.131)
Estando recitando este versos pasó por allí un labrador y vecino suyo, que venía de traer una carga de trigo al molino, se llegó a él y le proguntó por su mal. Don Quijote creyó que era el Marqué de Mantua, su tío, siendo esta la razón por la que su respuesta fue proseguir su romance, donde le daba cuenta de sus desgracia y de los amores del hijo del Emperante con sus espesa, igual que el romance lo canta.
El labrador queda admirado de oír tales disparates: le quita la visera, le limpio el rostro, que lo tenía cubierto de polvo, y cuando ya lo había limpiado lo conoció y le dijo:
Señor Quijana, ¿quien le ha puesto a vuestra merced así? Le hace una exploración para ver si tenía alguna herida, y después lo montó sobre su jumento, por parecerle caballería más sosegada. Dicho labrador, recogió las armas y las puso en el Rocinante. Lo tomó de las riendas, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo pensando en los disparates que decía. No se podía tener sobre el borrico. “De cuando en cuando daba unos suspiros que los ponía en el cielo” (p. 132). 
Al preguntarle de nuevo por qué mal tenía, dicho labrador le traía a la memoria el moro Albíndarráe, cuando el alcalde de Antequera, Rodrigo de Narváez, le preguntó y le llevó cautivo a la alcaidía. Le vuelve a preguntarle como estaba y que sentía, y le respondió con las misma palabras y razones que el cautivo y bencerraje a Rodrigo de Narváez, del mismo modo que él había leído en la historia en la Diana de Jorge Montemayor. “ El labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades, por donde conocí que su vecino estaba loco, y dábale priesa en llegar al pueblo, por escusar el enfado que don Quijote le causaba con sus larga arenga, Al cabo de lo cual dijo:
-Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo de Narváez, que esta hermosa Jarifa que he dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago y haré los más famosos hechos de caballería que se han visto, vean y verán en el mundo” (p.132).
Es entonces cuando el labrador le dice:
-Mire vuestra merced , señor, pecador de mi, yo no soy don Rodrígo de Narváez, ni el marqué de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino, ni vuestra merced es Valdovino, ni Abindarraez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana” (p.132).
Don quijote sigue confundiéndose, desdoblándose y le contesta de forma tajante: “yo sé quien soy, “y sé que puedo ser no solo lo que he dicho sino todos los doce Pares y aun los nueve de la Francia” (pp. 132-133).
Con esta conversación llegaron al lugar en la hora que anochecía; pero el labrador no hizo su entrada hasta que no se hizo más de noche para que no viesen al molido hidalgo tan mal caballero (mal montado porque iba en un asno). Llegada la hora conveniente lo llevó a casa de D. Quijote, en la que estaban el cura y el barbero del lugar, que les estaba diciendo su ama a voces:
-”Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez- que así se llamaba el cura-,de la desgracia de mi señor? Tres día que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga,, ni la lanza, ni las armas. ¡Desventurada de mi! Que me doy a entender, y así ello es la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballería que él tiene y suele leer tan ordinario le han vuelto el juicio... que así han echado a perder el más delicado entendimiento que había en toda la mancha (p.133)
La sobrina decía lo mesmo, y aun decía más:
-Sepa, señor maese Nicolás – que ese era el nombre del barbero-, que muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de eventuras dos días con sus dos noches, al cabo de los cuales arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y daba acuchilladas con las paredes, y cuando estaba muy cansado que había muerto a cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de la feridas que había recibido en las batallas y bebíase luego un gran jarro de agua fría, y quedaba sano y sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosisma bebida que le había traído el sabio Esquife” (alquife) pp.133.134.
El labrador quedó enterado de la enfermedad de su vecino don Quijote. El labrado, a voces dijo: “abran vuestras mercedes al señor Valdovino y al señor marqués de Mantua, que viene mal ferido, y al señor moro Abindarráez, que trae cautivo el valeroso Rodrigo de Narváez, alcaide de Antequera” (p.134).
A esta voces salieron todos y temiendo que se lanzasen a abrazale, dijo D. Quijote: “Tengase todos, que vengo maferido por culpa de mi caballo. Llévenme a li lecho y llámese, si fuere posible, a la sabia Urganbda, que cure y cate de mis feridas”(p.134)
Lo llevan a la cama y , “cantándole las heridas no le hallan ninguna, y él dijo que todo era molimiento, por haber dado na caía con Rocinante, su caballo, combatiendo con diez jayanes, los más desaforados y atrevidos que se que se pudieran fallar en gran parte de la tierra” (p.135)

Hiciéronle a don Quijote mil preguntas, y a ninguna quiso responder otra cosa que le diesen de comer y le dejasen dormir, que era lo que más le importaba. Hízose así, y el cura se informá muy a la larga del labrado de modo que había hallado a don Quijote.. Él se lo contó todo, con los disparates que al hallarle y al traerle había dicho, que fue poner más de seco en el licenciado de hacer lo que otro día(el día siguiente) hizo, que fue llamar a su amigo el barbero maese Nicolás, con el cual se vino a casa de don Quijote” (p.135)

Su locura es hermosa. En este capítulo, dice Martin de Riquer- “adquiere una característica nueva y será pasajera: el protagonista de la novela se imagina ser otra persona. Recordando los romances del marqués de Mantua se figura que él no es don Quijote sino Valdovinos, personaje que se halló en su trance parecido; y poco despúes que es el moro Abidarráez, y que su vecino Pedro Alonso es Rodrígo de Narváez, héroes novelescos. Don Quijote sufre, pues, desdoblamiento de personalidad, sesgo nuevo de su locura que sólo se volverá a dar al principio del capítulo 7, cuando se imaginará ser Reinaldos de Montalbán” (p. 129)



jueves, 14 de mayo de 2015

CAPÍTULO IV.DE LO QUE LE SUCEDIÓ A NUESTRO CABALLERO CUANDO SALIÓ DE LA VENTA


Capítulo IV

DE LO QUE LE SUCEDIÓ A NUESTRO CABALLERO CUANDO SALIÓ DE LA VENTA

La del alba sería (la del alba) cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped acerca  de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, en especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería (primera alusión a Sancho que no aparecerá hasta el capítulo 7). Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo. No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo: gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante, donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos: estas voces sin duda son de algún menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda: y volviendo las riendas encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían; y a pocos pasos que entró por el bosque, vió atada una yegua a una encina, y atado en otra un muchacho desnudo de medio cuerpo arriba, de edad de quince años, que era el que las voces daba y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprensión y consejo, porque decía: la lengua queda y los ojos listos. Y el muchacho respondía: no lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato. Y viendo Don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza, (que también tenía una lanza arrimada a la encina, adonde estaba arrendada la yegua) que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.


El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas, blandiendo la lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió: señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado que cada día me falta una, y porque castigo su descuido o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagarle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente. ¿Miente, delante de mí, ruin villano? dijo Don Quijote. Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza: pagadle luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto: desatadlo luego. El labrador bajó la cabeza, y sin responder palabra desató a su criado, al cual preguntó Don Quijote que cuánto le debía su amo. El dijo que nueve meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta Don Quijote, y halló que montaban sesenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano, que por el paso en que estaba y juramento que había hecho (y aún no había jurado nada), que no eran tantos, porque se le había de descontar y recibir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado, y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo. Bien está todo eso, replicó Don Quijote; pero quédense los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado, que si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagásteis, vos le habéis rompido el de su cuerpo, y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis sacado; así que por esta parte no os debe nada. El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.
¿Irme yo con él, dijo el muchacho, más? ¡Mal año! No, señor, ni por pienso, porque en viéndose solo me desollará como a un San Bartolomé. No hará tal, replicó Don Quijote; basta que yo se lo mande para que me tenga respeto, y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha recibido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga. Mire vuestra merced, señor, lo que dice, dijo el muchacho, que este mi amo no es caballero, ni ha recibido orden de caballería alguna, que es Juan Haldudo el rico, vecino del Quintanar.
Importa poco eso, respondió Don Quijote, que Haldudos puede haber caballeros, cuanto más que cada uno es hijo de sus obras. Así es verdad, dijo Andrés; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo? No niego, hermano Andrés, respondió el labrador, y hacedme placer de veniros conmigo, que yo juro, por todas las órdenes de caballerías hay en el mundo, de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun sahumados. Del sahumerio os hago gracia, dijo Don Quijote, dádselos en reales, que con esto me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que os tengo de hallar aunque os escondáis más que una lagartija. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso Don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones; y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y en diciendo esto picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó de ellos. Siguióle el labrador con los ojos, y cuando vió que había traspuesto el bosque y que ya no parecía, volvióse a su criado Andrés y díjole: Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel desfacedor de agravios me dejó mandado. Eso juro yo, dijo Andrés, y como que andará vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva, que según es de valeroso y de buen jue, vive Roque, que si no me paga, que vuelva y ejecute lo que dijo. También lo juro yo, dijo el labrador; pero por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por acrecentar la paga. Y asiéndolo del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dió tantos azotes, que le dejó por muerto. Llamad, señor Andrés, ahora, decía el labrador, al desfacedor de agravios, veréis cómo no desface aqueste, aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.
Pero al fin le desató, y le dió licencia que fuese a buscar a su juez para que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohino, jurando de ir a buscar al valeroso Don Quijote de la Mancha, y contarle punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar con setenas, pero con todo esto, él se partió llorando y su amo se quedó riendo.
Y de esta manera deshizo el agravio el valeroso Don Quijote, el cual, contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías, con gran satisfacción de sí mismo iba caminando hacia su aldea, diciendo a media voz: Bien te puedes llamar dichosas sobre cuantas hoy viven en la tierra, oh sobre las bellas, bella Dulcinea del Toboso, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad y talante a un tan valiente y tan nombrado caballero, como lo es y será Don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad; hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión valpuleaba a aquel delicado infante. En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían; y por imitarlos, estuvo un rato quedo, y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza, y habiendo andado como dos millas, descubrió Don Quijote un gran tropel de gente que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos, que iban a comprar a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie.
Apenas les divisó Don Quijote, cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura, y por imitar en todo, cuanto a él le parecía posible, los pasos que había leído en su s libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer; y así con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen (que ya él por tales los tenía y juzgaba); y cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír, levantó Don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo: todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.


 Paráronse los mercaderes al son de estas razones, y al ver la extraña figura del que las decía, y por la figura y por ellas luego echaron de ver la locura de su dueño, mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía; y uno de ellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo: señor caballero, nosotros no conocemos quién es esa buena señora que decís; mostrádnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida. Si os la mostrara, replicó Don Quijote, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia: que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo. Señor caballero, replicó el mercader, suplico a vuestra merced en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que, porque no carguemos nuestras conciencias, confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Extremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo, que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merce quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte, que aunque su retrato nos muestre que es turerta de un ojo, y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere. No le mana, canalla infame, respondió Don Quijote encendido en cólera, no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones, y no es tuerta ni corcobada, sino más derecha que un huso de Guadarrama; pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad, como es la de mi señora. Y en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaba la lanza, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo: non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido. Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y llegándose a él, tomó la lanza, y después de haberla hecho pedazos, con uno de ellos comenzó a dar a nuestro Don Quijote tantos palos, que a despecho y pesar de sus armas le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto, y que le dejase; pero estaba ya el mozo picado, y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que con toda aquella tempestad de palos que sobre él lovía, no cerraba laboca, amenazando al cielo y a la tierra y a los malandrines, que tal le parecían. Cansóse el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando que contar en todo él del pobre apaleado, el cual, después que se vió solo, tornó a probar si podía levantarse; pero, si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aún se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo; y no era posible levantarse, según tenía abrumado todo el cuerpo
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Nada más salir de la venta, don Quijote decide ir a su aldea. Pero una cosa es lo que piensa y otra lo que realmente hace. Piensa, reiteramos,  ir a su aldea para prevenirse de todo aquello que un caballero andante  debe llevar. Pero en su camino se encuentra con dos aventuras, al estilo de los libros de caballería desde el siglo XII que  era, siguendo a Martín de Riquer, "la defensa y  protección de la Iglesia, de las viudas, de los huérfanos y de todos los servidores de Dios" Ramón Llull, en su libro de la orden de Caballeria (1276) dirá que esta nació cuando en el mundo "perecieron la caridad, la lealtad, la justicia y la verdad" que el caballero debe imponer. A D.Quijote nada más salir de la venta, "se le ofrece ante su vista la injusticia, el abuso de poder y la desgracia del desvalido" (Martin Riquer).
 La primera, trata de agravio que está cometiendo Juan  Haldudo, labrador rico,  azotando a su mozo Andrés, al que tiene atado en una encina. D. Quijote obtiene- dice Martín Riquer-  un éxito momentáneo y fingido porque, también como un caballero de otros tiempos, cree en la palabra de honor del opresor, el cual,  apenas ha desaparecido nuestro héroe, vuelve a ejercer  su injusticia.
 Don Quijote ha fracasado por primera vez, aunque lo ignora ahora y tardará bastante en enterarse  del daño que produjo  a Andrés su generosa intervención". 
 La segunda aventura, la de los mercaderes toledanos.
En el desagravio del muchacho Andrés y el labrador, D. Quijote sale todo contento por que piensa que lo ha resuelto como todo un caballero andante. Pero realmente no lo resuelve, ya que el citado labrador vuelve a pegarle y aumentar la deuda. En el segundo, empeñado en que lo mercaderes reconozcan los encantos que le dice a los mercaderes que tiene su Dulcinea de Tobosa. No tolera, pues, que dichos mercaderes crean lo contrario. Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso. Debido a que uno de los mercaderes ponen en duda lo dicho, arremete contra ellos. Pero Rocinante se cae y uno de los mercaderes arremete contra don quijote hasta dejarlo lastimado sin poder levantarse. No obstante piensa que la culpa de ello la ha tenido el caballo.
    Don Quijote, no asume derrota alguna. Él es todo un caballero andante, en su segunda aventura el que ha fallado ha sido Rocinante, si así no hubiera sido su victoria hubiera sido segura. Lo admirable de D. Quijote es la alternacia de su locura y lucidez.Los argumentos expuestos al labrador para con su pastor son razonables, lúcidos, sensatos. 

Para el Quijote IV Cap. D. Quijote es la prueba de la  fuerza del Gran Ideal, para llevarlo a cabo se tiene que hacer el loco, como el humorista hace para arremeter contra aquello que cuerdo no hace. D. Quijote en sus delirios arremete contra todo y contra todos, contra los molinos porque son el símbolo de los poderosos, con los cuales quiere acabar, contra las ovejas por que con todo arrasar, nada dejan para otros mucho animales que también se alimentan de esas hierbas, contra los patronos por abusadores, contra los mercaderes porque se velen del engaño para hacer sus negocios, En su Papel de cuerdo se situa en la realidad.Enen su locura se engrandece, se enaltece haciendo ver que es el más grande, es la manera que adopta para hacer pequeños a los grandes. En su cordura , el personaje se asienta, asume la realidad

jueves, 7 de mayo de 2015

CAPITULO III.DONDE SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA QUE TUVO DON QUIJOTE DE ARMARSE CABALLERO.


CAPITULO III.

DONDE SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA QUE TUVO DON QUIJOTE DE ARMARSE CABALLERO


D. Quijote de tanto, de tanto pensar en ordenarse caballero andante, está fatigado. Nada más cenar llama al ventero y se encierra con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole, que no se levantará hasta que no le otorgue el don que quiere, cual es que lo ordene caballero..
El ventero, confuso ante tantas razones expuestas por don. Quijote, le dice que sí le otorgará el don que le pide. Y don. Quijote le contesta: “no esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra...esta noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas...y mañana ...se cumplirá lo que tengo deseo...ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejante fazañas es inclinado”
(Pero la verdad es que don. Quijote no podía ser ordenado caballero, estaba loco, era pobre y no podía ser nombrado mediante un escarnio como el que le tenía preparado  lo hizo el ventero)

El ventero, todo socarrón, le siguió la corriente y le dijo que aunque el castillo no tenía capilla, en cualquier lugar podía velar las armas, y que al día siguiente sería armado caballero. Le preguntó si llevaba dinero, a lo que le dijo que no llevaba blanca (moneda de cobre de poco valor). Don Quijote pensaba que los caballeros no llevaban dinero. Pero el ventero le afirmó que si. También le dijo a D. Quijote que en la alforjas llevaban muchas cosas, le aconsejó que a partir de ser ordenado caballero andante no fuera sin dinero, ni sin las prevenciones referidas (camisas limpias, bien llenas las bolsas, arqueta pequeña llena de argüentos para curar las heridas que recibieran, escuderos proveídos de dinero y de otras cosas necesarias, como eran hilas y argüentos para curarse).
Don quijote, tras prometerle que así lo haría, se fue a velar las armas a un corral grande, puso sus armas en una pila junto a un pozo, y comenzó a pasear delante de la pila, momento en que que empezaba a cerrar la noche.

El ventero comentó la locura de su huésped a todos los que estaban en la venta, los cuales curioseaban todo lo que hacia. Estando velando sus armas tiene que arremeter contra dos arrieros que le retiraron sus armas de la pila para dar agua a sus animales, a los que además de lo golpes que les atestó le decía palabras como  soez, baja canalla.



 El ventero no le parecieron bien las buslas de sus Huésped, y “determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se disculpó de la insolencia que aquella gente baja con el, había usado, sin que él supiese cosa alguna...”(p. 119-120) .Volvíó a decirle que en el castillo no había Capilla, pero lo que le quedaba de hacer para ser ordenado caballero andante tampoco era necesario tal capilla, pues, le quedaba darle la pescozada(el padrino le daba un golpe en la nunca) y el espladarazo (golpe dado con la espada en la espalda), cosa que se podía hacer en mitad del campo., cosa que don. Quijote aceptó.




 Luego el castellano lleva un libro y con un cabo de vela que le llevaba un muchacho y con las dos dichas doncellas se fueron a donde estaba don Quijote, al que manda hincar de rodillas, en mitdad de la leyenda alzó la mano y le dio sobre el cuello un gran golpe y después con la misma espada, un gentil espaldarazo.Una de las damas le ciñó la espada, a la vez que le dice la buena señora:
-” Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides”.(p.121)
Don quijote le preguntó cómo se llamaba, para saber a quien quedaba obligado por la merced recibida porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de sus brazos. Le dijo que Tolosa, hija de un remendon natural de Toledo. Don quijote le pidió que se pusiese don, y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió y la otra le calzó la espuela. Igualmente le preguntó su nombre y le dijo que Molinera, hija de un horado molinero de Antequera; a la cual tambien le rogó que se pusiense don, y se llamase doña Molinera:
Don quijote ya es un caballero andante, ahora tiene que ir a buscar las aventuras, y ensillando a Rocinante, subió en él, y abrazando a su huésped se despide con palabras extrañas de él. El ventero, con ganas de verle fuera de la venta respodio a las suyas, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buena hora.

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COMENTARIO Y ENSEÑANZA:
La fuerza de la idea, la de hacerse caballero andante, es tal que es capaz de superar cuantos incovenientes y cuanto retos surjan al encuentro para impedir su la realización. El ser deseo se convierte en ser real. El pensamiento que va dando forma a la idea es tan fuerte como la misma idea ya configurada. Obstáculos han sido varios: locura, pobreza, mujeres de la casa donde
vive el  Quijano, inexistencia de Castillo y   de Capilla, burlas del ventero y arrieros de la venta.
La locura, que ha sido un impedimento, ha sido precisamente lo que le ha permitido ordenarse caballero. En condiciones normales no lo hubiera podido ser, se hubiera rendido y no hubiera acepcetado ninguna de la condiciones: ni venta ( que gracias a su locura le parece un castillo; ni ventero, que gracias a su locura le perece el señor de castillo; ni las mozas, que le parecen señoras importantes, ni hubiera velados las armas en el patio, ni hubiera consentido escarnio alguno.
La condición de su locura hace posible lo que no hubiera logrado con sus cordura. Se vale, pues, de su locura para lograr lo que no puede con sus cordura; y de su cordura para lograr lo que no puede con sus locura. Ahí está Cervantes para que apareczca la  locura y lucidez cuando es necesario.
Ha logrado hacerse caballero andante, entes de tener escudero, pues, Sancho Panza, llevado por su realismo terrenal, no hubiera permitido que su señor se hubiera ordenado caballero en las condiciones que lo ha hecho. Hubiera exigido el respeto, decoro y cumplimiento fiel de las normas escrupulosas de las leyes de caballería.

martes, 21 de abril de 2015

CAPÍTULO II: QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.

CAPÍTULO II

QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.
 Realizadas todas la preparaciones, decide poner en efecto su pensamiento. Piensa que el mundo necesita de su acción para impartir justicia. En el mundo son muchos los agravios que ha de deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer(pp106-107). Decide, un tanto impaciente, sin comunicarlo,salir por la mañana, antes de del día, en un día caluroso de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante y sale al campo, con grandísimo contento y alborozo para dar cumplimiento a sus gran deseo, que es hacer justicia, amparar a los menesterosos. Tan pronto se vio en el campo se percata de que se tiene que armar caballero conforme a la ley de caballería. Razón por lo que decide armarse caballero del primero que tope. Y con esa idea va caminando a la espera de encontrar la oportunidad lo más pronto posible.
En su caminar va conversando consigo mismo y diciendo cosas como estas: contarían la historia de sus verdaderos hechos.
Subió de nuevo “sobre su Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”(p.108).
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
-Dichosa edad, y siglo dichoso aquel a donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en la tabla para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quién ha de tocar a ser cronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras” (p. 108).
Después se acordó, como si estuviera enamorado de Dulcinea: ¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón...” Continuó hablando sobre los agravios que le había hecho su dulcinea y demás cosas que había leído en los libros. Iba caminando despacio y durante aquel día nada le sucedió digno de destacar. “Autores hay que dice que la primera aventura que le vino fue la de Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento...pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre” (p. 109). Su afán era encontrar un castillo o una venta para descansar y acabar con el hambre. Al fin ve una venta, que a él le pareció un castillo, se da prisa y llegó a ella en el momento en que anochecía.

 En la puerta estaba dos mujeres mochas, destas que se llaman de partido (mujeres deshonestas y vagabundas), las cuales les parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que en la puerta del castillo se estaban solazando. Aquellas doncellas se reína, no solo de su figura, de su facha sino de sus dichos, de su manera de hablar. Al fin sale el ventero, hombre gordo, pacífico y decidió hablale recatada y dulcemente:
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén (aquí la palabra significa excepto) del lecho...Viendo D. Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que le pareció a él el ventero, respondió:
- Para mi , señor castellano, cualquier cosa basta porque:
mis arreos son las armas
mi descanso el pelear, etc
Mi cama las duras peñas.
Mi dormir siempre velar (primeros versos de un precioso romance, publicado en cancionero de Amberes, mediado del siglo XVI)
Al decirle los dos últimos versos el ventero, se fue a tener el estribo a D. Quijote, que se apeó con mucha dificultad y trabajo. Mandó que cuidaran de su Rocinante que el el más valioso del mundo, cosa que el ventero lo vio así. Las mozas le fueron quitando las armas y demás cosas. Pero no pudieron quitarle la gola y la celada, con las que se tuvo que acostar. Y pensando que aquellas mozas eran algunas principales señora y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

Nunca fuera caballero
de dama también servido
como fuera don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino

Don quijote ofrece sus servicios a las damas(mozas) de defensa. Las mozas no responden y solo le preguntaron si quería comer alguna cosa. Pero aquel día era viernes y solo había pescado. Le ponen la mesa en la puerta de la venta, por el fresco y el llevó el huésped una porción de mal remojado y peor cocido bacalao y un pan tan negro y mugriento como sus ramas. Su manera de comer producía risa. Estando comiendo con esta facha, llega a la venta un castrador de puercos e hizo sonar el silbato, lo que le hace creer a don Quijote “que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas, el pan candeal y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo, y con eso daba por bien empleada su determinación y salida. Pero lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podía poner legítimamente en aventura sin recibir la orden de caballería” (p. 114).

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¿Qué nos quiere enseñar Cervantes, narrador del Quijote, en este capítulo reducido a la salida silenciosa del mismo, sin más aventura que encontrarse con una posada que le parece un castillo y una mozas que le parecen algunas principales señora y damas de aquel castillo?
Pienso que Cervantes nos quiere decir que cuando el ser humano está poseído por la idea sublime, convertida en ilusión de sueños que desvelan, tiende a convertir la realidad de la vida terrenal en la realidad de la vida celestial: empeñado en reemplazar dicha realidad terrenal en en la celestial. Aquello que ve don Quijote no es lo que ve, sino lo que desea y quiere que sea: la venta no es la venta, sino el castillo, estancia del caballero andante; el ventero no es el ventero, sino un caballero castellano; las mozas no son las mozas, sino grandes y principales señoras, Rocinante no es un Rocinante cualquiera, sino el más valioso de cuantos existen en el mundo; el no es un caballero cualquier, sino el único, el más valiente del mundo, para ello tiene que respetar las leyes de caballería y armarse caballero con arreglo a las Leyes de Caballería. Y en tanto no sea así no puede ni debe emprender aventura alguna para deshacer agravios, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer desde a la ley.  La ley es la ley, y hay que respetarla.
En el uso de su libertad, Cervantes  se permite trasnformar don Quijote en un ser loco para que en sus delirios haga cantos de alabanza, dulzura y lisonja, y así lograr su objetivo, qwue no es otro que hacerse caballero para impartir justicia, que es la que falta en la tierra. Y así es como consigue, entre burlas y charangas poner a disposición al ventero para hacerle caballero. La deformación de las realidades solo está permitida a los locos, a los humoristas, a los magos.

viernes, 17 de abril de 2015

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Don Quijote de la Mancha, en tu 4º Centenario de tu II parte voy a intentar introducirme en tu entrañas con el fin expreso de conocerte hasta tu último latido. Lo quiero hacer  con amor, admiración y sencillez, con lenguaje de niño.
Mi libro de lectura es Historia de la Literatura: Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Edit. RBB Editores. S.A. Barcelona 1994


                                        PRIMERA PARATE




     CAPÍTULO PRIMERO

QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EJERCICIO DEL FAMOSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA  



Empieza el capítulo afirmando que en un lugar de la Mancha, nombre del que no quiere acordarse Cervantes, vivía un hidalgo (hidalgo, hijodalgo o fidalgo era en dicha época noble sin ser titulado, es decir, era un ricohombre). Un Hidalgo del que el narrador lo va describiendo fisica, patriominial y socialmente.Empieza describiendo sus bienes, diciendo lo que come y los que viven en su casa, que son  una ama de casa, que pasaba de los cuarenta; una sobrina, que no llegaba a los veinte; y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Inmediatamente dice que la edad de D. Quijote frisaba los 50 años. Era -sigue describiendo el narrador-, de “complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza”(p.100).

Era, reitaramos, un hidalgo que pasaba la mayoría de su tiempo ocioso y en dicho tiempo leía libros de caballerías con tal a afición y gusto que terminó olvidando los ejercicios de la caza, y hasta la administración de su hacienda. Su “curiosidad y desatino fue tal que llegó a vender muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballería en que leer, y así , llevó a su casa todos cuantos haber de ellos; y de todos, ninguno le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva” (p. 100).



Le encantaba la lectura, y sobre todo aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas parte hallaba escrito: la razón de la sin razón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura. Y tambien cuando leía...los altos cielos de nuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.

Estas lectura eran todo un desafío para nuestro hidalgo. Se esforzaba por entender estas lecturas, esta sin razones. Quería ver su sentido. Pero la verdad que ello le hacía perder el juicio. Aquellas lecturas eran motivo de discusión con cuantos hablaba de ellas, entre lo cuales estaba el cura, hombre docto, graduado en Sigüenza.
“En resolución, él se enfrascó tanto en la lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio;y así, del poco dormir y de mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquinas de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no no había otra historia más cierta en el mundo” (p. 101).
En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así que para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrarse eterno nombre y fama” (p.102)
Llevado por ese deseo de grandeza y de fama inicia la limpieza de las armas de su bisabuelo (del final del siglo XV) y aunque se percató que le faltaba la celada de encaje, pero tenía un morrión simple (casco). Una vez limpias las armas se va a ver a su rocín y le pareció que ni Bucéfalo de Alejandro ni el Babieca del Cid se podían igualar con su Rocín. Pasó despues, a pensar que nombre le ponía (para lo que tardó 4 días), y convino despues de mucho pensar que debía llamarse Rocinante, “nombre a su parecer alto, sonoro y significativo” (p.p.104).
Después piensa en el nombre que se ha de poner él (para lo que dedica 8 días), y se pone por nombre don Quijote de la Mancha. Puesto el nombre se percata que le “falta una dama de quien enemorarse ; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma, deciase él asi” (p.105)
Se siente todo un caballero difícil de ser vencido y sí de vencer aunque los demás sean gigantes. Vencidos que piensa que se han de presentar ante su dulce señora para notificarle que fue vencido en singular batalla por don Quijote de la Mancha y disponga su señora de él a su talante ( a su voluntad o a su gusto).
Todas estas disquisiciones y discurso le alegran mucho. Encuentra en Toboso una moza labradora de quien él durante un tiempo estuvo enamorado, aunque ella jamás lo supo, ni le dio cata dello, que tenía por nombre Aldonza Lorenzo, a la que le díó el título de señora de su pensamiento y buscarle nombre que no desdijese mucho del suyo y que pareciese de princesa y gran señora, y le puso el de Dulcinea del Toboso, nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo.
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 Es evidente que Cervantes no escribe D. Quijote a vuelapluma. Se toma su tiempo para anotar cuantas cosas quiere decir. Reflexiona sobre todo aquello que quiere narrar y describir a sus personajes nítidamente, tanto psicológica como físicamente. Se aprecia que conoce los lugares de que habla, y los conoce bien, dando la sesación incluso que ha estado en insitu ellos.
  Empieza pensando en un hijodalgo que vive en un lugar que no quiere mencionar, indicando con ello que puede ser uno cualquiera de la Mancha. Un hijodalgo; es decir un ricohombre que dispone de tiempo suficiente para el ejercicio de la caza, caza que deja porque lo cambia por el de la lectura de libros de Caballería. Lecturas que no entiende, pese a que quiere desentrañar su sentido. Se produce en don Quijote un cambio de actividad: de cazador a lector, lectura que lo lleva a convertirse en caballero andante para impartiir justicia, justicia que piensa que no se da en el mundo en que vive. Pues muchos son los que se burlan  de ella, y muy pocos a los que se la ha imprtido justamente.
  Es evidente, que el lector de dichos libros de Caballería es Cervantes. Y como lector tiene un amplio conocimiento de dichos libros, hasta tal punto que no se le escapa detalle. Describe pulcramente al hidalgo, que empieza poniendo el sobre nombre de Quijada o Quesada, le es igual uno u otro. Después de decir que frisaba en 50 años, lo describe físicamente: “complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro”, gran madrugador y amigo de la caza” (p.100)
  Su afición es tal a la lecturas que termina perdiendo el juicio, con lo que nos quiere recomendar el autor que todo se debe hacer con medida, que los excesos llevan a estas situaciones. Recobrado el juicio piensa en hacerse caballeroe para el aumento de su honra y para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrarse eterno nombre y fama” (p.102). No se trataba de hacerse un o un caballero cualquiera, sino el mejor, el más valiente, el invencible;y todo para gloria de todos los agraviados en el mundo, y de su Dulcinea del Toboso.
  A partir de ahí piensa y ejecuta su preparación: limpia sus armas, se toma 4 días para pensar detenidamente el nombre que le va a Poner a su Rocín, y que termina poniéndole Rocinante, después se toma 8 días para ponerse el suyo, Don Quijote de la Mancha, y acto seguido el de la moza de sus sueños, que le pone Dulcinea del Toboso. Todos estos nombres le son musicales, peregrinos y significativos. Una vez más nos indica el autor que las cosas llevan su tiempo, su reflexión. No se deben ni se pueden hacer a la ligera, sino de forma adecuada, juiciosamente, con cordura. Sus mensajes educativos y aleccionadores ( Instruir, amaestrar, enseñar) los hace valiendose de refranes como estos: 
 “Vaca y carnero, olla de caballeros” (p. 98). Citado por Sebastián Covarrubias) que vine a significar que D. Quijote era más bien pobre, pues, la vaca vale menos que la carne de de carnero 
El caballero andante sin amores es como árbol sin hojas y sin frutas o el cuerpo sin alma.” p. 105.
Don Quijote, para hacer lo que ha de hacer, y decir lo que ha de decir, no puede ser un caballero cualquiera, ha de ser un  loco-cuerdo; loco para que se le permita hacer y de dicer lo que hace y dice, y cuerdo para dar validez a lo que en condiciones normales el hombre justo y honorable debería de decir y hacer. 
Cervantes no hubiera podido hablar de un república, ni entrar en batalla con unos monjes, sin no se hubiera valido de un loco, siendo un súbito de un reino 
donde no se ponía el sol.

 
                                               CAPÍTULO II

QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUEIJOTE.
 Realizadas todas la preparaciones, decide poner en efecto su pensamiento. Piensa que el mundo necesita de su acción para impartir justicia. En el mundo son muchos los agravios que ha de deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer(pp106-107). Decide, un tanto impaciente, sin comunicarlo,salir por la mañana, antes de del día, en un día caluroso de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante y sale al campo, con grandísimo contento y alborozo para dar cumplimiento a sus gran deseo, que es hacer justicia, amparar a los menesterosos. Tan pronto se vio en el campo se percata de que se tiene que armar caballero conforme a la ley de caballería. Razón por lo que decide armarse caballero del primero que tope. Y con esa idea va caminando a la espera de encontrar la oportunidad lo másd pronto posible.
En su caminar va conversando consigo mismo y diciendo cosas como estas: contarían la historia de sus verdaderos hechos.
Subió de nuevo “sobre su Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”(p.108).
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
-Dichosa edad, y siglo dichoso aquel a donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en la tabla para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quién ha de tocar a ser cronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras” (p. 108).
Después se acordó, como si estuviera enamorado de Dulcinea: ¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón...” Continuó hablando sobre los agravios que le había hecho su dulcinea y demás cosas que había leído en los libros. Iba caminando despacio y durante aquel día nada le sucedió digno de destacar. “Autores hay que dice que la primera aventura que le vino fue la de Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento...pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre” (p. 109). Su afán era encontrar un castillo o una venta para descansar y acabar con el hambre. Al fin ve una venta, que a él le pareció un castillo, se da prisa y llegó a ella en el momento en que anochecía.

 En la puerta estaba dos mujeres mochas, destas que se llaman de partido (mujeres deshonestas y vagabundas), las cuales les parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que en la puerta del castillo se estaban solazando. Aquellas doncellas se reína, no solo de su figura, de su facha sino de sus dichos, de su manera de haablar. Al fin sale el ventero, hombre gordo, pacífico y decidió hablale recatada y dulcemente:
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén (aquí la palabra significa excepto) del lecho...Viendo D. Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que le pareció a él el ventero, respondió:
- Para mi , señor castellano, cualquier cosa basta porque:
mis arreos son las armas
mi descanso el pelear, etc
Mi cama las duras peñas.
Mi dormir siempre velar (primeros versos de un precioso romance, publicado en cancionero de Amberes, mediado del siglo XVI)
Al decirle los dos últimos versos el ventero, se fue a tener el estribo a D. Quijote, que se apeó con mucha dificultad y trabajo. Mandó que cuidaran de su Rocinante que el el más valioso del mundo, cosa que el ventero lo vio así. Las mozas le fueron quitando las armas y demás cosas. Pero no pudieron quitarle la gola y la celada, con las que se tuvo que acostar. Y pensando que aquellas mozas eran algunas principales señora y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

Nunca fuera caballero
de dama también servido
como fuera don Quijote
cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino

Don quijote ofrece sus servicios a las damas(mozas) de defensa. Las mozass no responden y solo le preguntaron si quería comer alguna cosa. Pero aquel día era viernes y solo había pescado. Le ponen la mesa en la puerta de la venta, por el fresco y el llevó el huésped una porción de mal remojado y peor cocido bacalao y un pan tan negro y mugriento como sus ramas. Su manera de comer producía risa. Estando comiendo con esta facha, llega a la venta un castrador de puercos e hizo sonar el silbato, lo que le hace creer a D. Quijote “que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música, y que el abadejo eran truchas, el pan candeal y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo, y con eso daba por bien empleada su determinación y salida. Pero lo que más le fatigaba era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podía poner legítimamente en aventura sin recibir la orden de caballería” (p. 114).

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¿Qué nos quiere enseñar Cervantes, narrador del Quijote, en este capítulo reducido a la salida silenciosa del mismo, sin más aventura que encontrarse con una posada que le parece un castillo y una mozas que le parecen algunas principales señora y damas de aquel castillo?
Pienso que Cervantes nos quiere decir que cuando el ser humano está poseído por la idea sublime, convertida en ilusión de sueños que desvelan, tiende a convertir la realidad de la vida terrenal en la realidad de la vida celestial: empeñado en reemplazar dicha realidad terrenal en en la celestial. Aquello que ve D. Quijote no es lo que ve, sino lo que desea y quiere que sea: la venta no es la venta, sino el castillo, estancia del caballero andante; el ventero no es el ventero, sino un caballero castellano; las mozas no son las mozas, sino grandes y principales señoras, Rocinante no es un Rocinante cualquiera, sino el más valioso de cuantos existen en el mundo; el no es un caballero cualquier, sino el único, el más valiente del mundo, para ello tiene que respetar las leyes de caballería y armarse caballero con arreglo a las Leyes de Caballería. Y en tanto no sea así no puede ni debe emprender aventura alguna. La ley es la ley, y hay que respetarla.